
Se trata de adivinar qué es o quién es, sin ver el final
Había llovido levemente. El agua acarició la arena y, se posó con suavidad en la playa. Mucha gente recorría el paseo disfrutando, con goce, de aquellos momentos, en los que se serenaban las olas y se respiraba un aire apacible, grato, que sacaba del mar, aquel olor inimitable, embriagador, aquel olor a mar azul y a mar verde, aquel olor que te hacía abrir los brazos para que te penetrara más y más en los pulmones, aquel olor que recorría el cuerpo, hechizando los sentidos. Olor dulce a humedad salina, olor a pescado aún vivo, a ostras recién sacadas de ese agua. Embriagado así, paré un momento mi lento caminar y descendí a la playa.
Las olas suaves, se acercaban; se posaban tranquilas en la arena y se alejaban casi con pesar. Momentos antes de llegar la ola, el mar saciaba mi aliento. ¡Qué olor! Me senté vestido y saludé: ¡Hola mar! Alguien volvió su cara y sonrió. Me recliné, apoyándome en un brazo. Extendí la otra mano y jugueteé con los dedos. Presioné con levedad y sentí calor; acerqué mi nariz y olí ese calor, que sentí cálido, humedecido momentos antes. Mis dedos recorrieron una tenue piel saturada de miles y miles de granitos. me acerqué para captar su olor y ni olían ni sentían. Recorrí unos momentos aquella piel muelle, aparté mis dedos y, mirando con nostalgia, abandoné el lugar.
Unos ojos acompañaron mi retirada y la soledad que sentía.
¿Habéis adivinado que se trata de la arena?
Juan Yuste
Había llovido levemente. El agua acarició la arena y, se posó con suavidad en la playa. Mucha gente recorría el paseo disfrutando, con goce, de aquellos momentos, en los que se serenaban las olas y se respiraba un aire apacible, grato, que sacaba del mar, aquel olor inimitable, embriagador, aquel olor a mar azul y a mar verde, aquel olor que te hacía abrir los brazos para que te penetrara más y más en los pulmones, aquel olor que recorría el cuerpo, hechizando los sentidos. Olor dulce a humedad salina, olor a pescado aún vivo, a ostras recién sacadas de ese agua. Embriagado así, paré un momento mi lento caminar y descendí a la playa.
Las olas suaves, se acercaban; se posaban tranquilas en la arena y se alejaban casi con pesar. Momentos antes de llegar la ola, el mar saciaba mi aliento. ¡Qué olor! Me senté vestido y saludé: ¡Hola mar! Alguien volvió su cara y sonrió. Me recliné, apoyándome en un brazo. Extendí la otra mano y jugueteé con los dedos. Presioné con levedad y sentí calor; acerqué mi nariz y olí ese calor, que sentí cálido, humedecido momentos antes. Mis dedos recorrieron una tenue piel saturada de miles y miles de granitos. me acerqué para captar su olor y ni olían ni sentían. Recorrí unos momentos aquella piel muelle, aparté mis dedos y, mirando con nostalgia, abandoné el lugar.
Unos ojos acompañaron mi retirada y la soledad que sentía.
¿Habéis adivinado que se trata de la arena?
Juan Yuste
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