*** DONCELLA DIANA ***
Diana, una doncella niña, era tímida y miedosa y vergonzosa.
Los niños nos reíamos de ella, no por su apocamiento, sino por su tartamudez. Crueles,siempre, al descubrir un defecto, con Diana éramos inhumanos, brutales, insufribles. La martirizábamos al llamarla Di...di...di... ana. Diana, nerviosa, irritable, excitable, tsrdaba más de dos minutos en decirnos que no se llamaba Ana.
La angustia, y la ansiedad, y la tristeza, se apederaban de ella y rompía a llorar y, hasta llorando nos daba la impresión de que lo hacía tartamudeando.
Un día de tantos, en que era martirizada, yo iba en mi bicicleta y al verla tan sola, tan abandonada, tan desamparada, tan herida, paré junto a ella. De sus ojos, resbalaban lágrimas a borbotones y, sus rodillas, enrojecidas de impotencia, temblaban temblorosas.
Diana, le dije sin preguntar nada, ¿quieres dar una vuelta en mi bici? Asintió nerviosamente con su cabeza y, sus ojos parpadearon tan rápidos, que apresuradas lágrimas saltaron a tierra. Montó y subió la cuesta como impulsada por la acelerada palpitación de su corazón. No pedaleó la descendente bajada.
Sus lágrimas, aún húmedas, reverberaban al reflejar los rayos del sol y sus mejillas parecían un campo de rocío.
Al oído, me dijo "gracias" sin titubear, a la vez que sonriente, sus brazos me rodeaban tan fuerte, tan firmes, tan enérgicos, tan impetuosos, tan estrechos me apretaban, que una corriente sacudió mi cuerpo y me sentí mayor.
Juan Yuste
lunes, 1 de marzo de 2010
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