jueves, 30 de septiembre de 2010

viernes, 17 de septiembre de 2010

***LAS PIPAS DE GIRASOL***


Artículo interesante sobre las pipas de girasol.

martes, 14 de septiembre de 2010

*** LAS CABAÑUELAS DEL MES DE AGOSTO*** PARTE 2ª.





























***LAS CABAÑUELAS DEL MES DE AGOSTO*** 1ª PARTE







Muchos son los que desconocen lo que son las "Cabañuelas". Las cabañuelas, son el cálculo que realizan gentes de pueblos y también ya de ciudades, para pronosticar el tiempo de cada uno de los mese del año venidero.

El artículo que veréis a continuación, está dividido en dos partes y está tomado de un periódico local del "valle del Tiétar", correspondiente a la publicación del mes de agosto de 2010. Su autor, está al final de la parte 2ª.


Espero que os sea útil, pues está muy bien explicado.


Tenéis que utilizar una lupa, para leer el artículo.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

*** LOS REMEDIOS NATURALES *** vive sin resfriados***

Escribió Maurice Mességué en su libro "Mi herbario de salud", que la buena medicina tiene que explotar todos los recursos que la Naturaleza y la inteligencia humana, ponen a nuestra disposición. No hay que despreciar nada. El arte de curar, no data del siglo pasado, ni del anterior. Es innegable, que nuestros antepasados han descubierto muchas maneras de tratar tal o cual afección particular. Hay que confiar en la Naturaleza, pero sin renunciar, por ello, a los descubrimientos de la Ciencia.
Remedio natural, para no padecer resfriados.
En un cacito, se pone:
1 vaso y medio de vino blanco,
2 hojas de laurel,
1 cáscara de naranja,
1 cáscara de limón,
1 cucharadita de orégano,
1 cucharada de miel.
Se pone todo al fuego medio; cuando empiece a hervir, se deja que hierva 3 y 1/2 minutos. Se remueve suavemente una vez. Se retira del fuego; se deja enfriar y se cuela.
Se toma en dos veces, la mitad por la mañana y la otra por la noche.
Hay que tomarlo al sentir los primeros síntomas del resfriado. Haciéndolo así, los resfriados no entrarán a vuestro cuerpo.
Si os fijáis, este remedio natural tiene todo lo necesario para combatir el enfriamiento:
Vitamina C, la naranja y el limón.
El laurel, contiene un aceite esencial indicado en los enfriamientos.
El orégano es calmante y, además, ayuda a expectorar.
La miel, es un reconstituyente, ante la debilidad, que te trae el enfriamiento.
El vino blanco, es un simple mezclador de todos estos elementos. NO vale el agua.
No necesita azúcar.

EL EXTRAÑO Y ENIGMATICO CASO DEL FASCINANTE BENITO, parte segunda.







lunes, 23 de agosto de 2010

***** ¿POR QUIÉN TAÑE LA CAMPANA? *****

CUIDA DE TU JARDÍN DE LAS DELICIAS.
Lee lentamente este anónimo y deduce tus propias conclusiones. Tú ya sabes que el sexo es una de las sales de esta vida. No confundas practicar sexo, con hacer el amor. Una gran mayoría no sabe diferenciarlo, por eso tú, nunca seas cínico respecto del amor, porque frente a toda aridez por una parte, desencanto por otra o,una desproporcionada y exhuberante manifestación de él, el amor es perenne como la hierba. En esos momentos que preceden de acaloramiento alocado y a veces ruidosa confusión, mantén la paz de tu alma. No finjas afectos. Sé tú mismo.

Una mañana de abril, se levantó doña Juana.
Ha visto a segadores, segando el trigo y la cebada.
Se enamora del de en medio, que la inclinación llevaba;
llevaba una inclinación, que era el que mejor segaba.
Lo ha mandado llamar de parte, con la criada.
—Oiga, usted, buen segador, le ha llamado mi ama.
—Que yo no le conozco a usted, ni tampoco a su ama.
—Yo me llamo doña Petra y, mi ama doña Juana.
Cogen el camino "alante", se marchan para la casa.
—Aquí está el segador, el que tanto suplicabas
—Oiga, usted, buen segador, ¿Quiere segar mi cebada?
—Sí que se la segaría, si me enseña la labranza.
—La labranza, no está en alto, ni está en bajo,
ni tampoco en tierra llana, que está en un monte oscuro
debajo de mis enaguas.
A eso del amanecer, le ha llegado la criada,
—Oiga usted, buen segador, ¿Qué tal vamos de cebada?
—De cebada, vamos bien; ya voy de quince manadas.
Mal haya el segador, que a dieciséis no llegaba.
Al otro día siguiente, por el segador doblaban.
¿Quién se ha muerto?
—El mejor segador de España, no se ha muerto,
que le ha matado mi ama; se ha muerto del exceso de amores,
que le mató doña Juana.
¿Amor a primera vista?
La vi y me gustó. La miré y me sonrió.
Al saludarla, traté de rozar su rostro, quise oler su cutis y no pude.
Quise palpar su piel al rozar su mano y, no lo conseguí.
Insistí para sentir su calor y al acercarse nuestras manos, sí, sentí, ...
el fuego candente de un bofetón, mi cara enrojeció.
Luego,
ví su rostro contrariado,confundido y arrepentido.
Se me acercó y sus brazos me rodearon,
los míos en ella se apretaron
y así, fundidos, caminamos en silencio y, en el tálamo nos encontramos.
Mujer que cien años dures,
aunque mi rostro hieras,
que mi corazón alegres.
¡No dudes del amor, al primer vislumbre!
Para que no te veas como nuestro segador, te recomiendo compres y practiques el libro que adorna esta página. Es útil, instructivo y práctico, pues es fácil de comprender.

jueves, 19 de agosto de 2010

*****ALGUNAS COSAS INTERESANTES, QUE PUEDEN SER ÚTILES*****

***El Tantra Totem***

Circula libremente por la red, como una guía social de buen comportamiento.

Hay que tener cuidado con la publicidad; alguna es falaz, es decir que atrae y halaga con falsas apariencias. La publicidad, influye en la sociedad, en las costumbres, en la manera de ser de cada persona. A veces, contribuye más en cada uno, que incluso las religiones más dominantes, inculcadas desde la infancia. En un mundo tan globalizado, cada vez los seres que lo habitan, se parecen más unos a otros. Quien de verdad quiera ser diferente, huir de esa monotonía de la uniformidad, aspirar a ser especial, a dejar poso útil, debe recordar los valores que existen en nosotros y sacarlos a la luz. Por eso,


Nunca olvides que existen cuatro cosas en la vida que jamás se recuperan:
_ la piedra, después de arrojada.
_ la palabra, después de proferida.
_ la ocasión, después de perdida.
_ el tiempo, después de pasado.

1— Da la las personas más de lo que ellas esperan de tí y hazlo con alegría.
2—Cásate con alguien con quien te guste conversar. A medida que vayáis siendo mayores, tu talento para comunicarte, se volverá tan importante, como para todos los demás.
3— No creas todo lo que oyes. - No gastes todo lo que tienes. - No duermas tanto como puedas.-
4— Cuando digas "yo te amo", sé sincero.
5— Cuando digas "lo siento mucho", mira a los ojos de la persona.
6—Ten un noviazgo de seis meses, por lo menos, antes de casarte o, ir a vivir con la otra persona.
7—Cree en el amor a primera vista. Recuerda, la ocasión, ...
8—Nunca te rías de los sueños de los demás.
9—Ama profundamente y con pasión. Puede que te hieran, pero es el único modo de vivir una vida completa.
10—Cuando discutas, juega limpio. Nada de insultos.
11—No juzgues a nadie por sus parientes.
12—Habla lento, pero piensa rápido.
13—Cuando te hagan una pregunta, que no quieras responder, sonríe y pregunta:"¿Por qué quieres saberlo?"
14—Cuando pierdas, no pierdas la lección.
15—Recuerda lo de las "tres R": Respeto por tí mismo - Respeto por los otros - Responsabilidad por tus actos.
16—No dejes que una pequeña pelea, haga perder una gran amistad.
17—Cuando notes que has cometido un errror, toma providencias inmediatas, para corregirlo.
18—Sonría al contestar al teléfono. Quien te llama, podrá percibirlo en la voz.
19—Pasa algún tiempo solo y reflexiona.
20—Comparte tu conocimiento. Es una manera de lograr la inmortalidad.
21—No confíes en la persona que no cierra los ojos, cuando la besas.
22—La vida es un conjunto de experiencias para gozar, no para sobrevivir.
23—Recuerda, que no obtener lo que quieres, a veces, es una suerte.

A simple vista, esto parece una guía espiritual, pero no lo es; es una filofofía tan natural como la vida misma. Es cultura, es educación, es respeto, es amor, es ayuda, es comprensión. Es sacar a la luz los valores que llevamos dentro, que a veces por miedo, por precaución, por indolencia, por un sentido equivocado del compromiso, no nos atrevemos. Hay que romper las barreras que nos impiden ser felices y hacer a los demás felices. Hay un dios en tí. Los dioses necesitan el amor de los humanos y, los humanos también. No sólo eres parte de Dios y parte del hombre. Tú eres lo mejor de ambos. Se feliz.

miércoles, 18 de agosto de 2010

***** CLANDESTINO *****


Nosotros los españoles, descubridores de países, conquistadores, dominadores, dominantes y dictadores, que hemos impuesto con el poder de la espada y la subyugación de ésta a la cruz, bajo la tutela de la sotana, negra, marrón o blanca, nuestra civilización sin tener en cuenta los considerables valores de las otras; decapitadores de aquellas culturas y aniquiladores de sus religiones. Nosotros los españoles, aprendimos la maldad de nuestros vecinos próximos o un poco más lejanos. Pronto olvidamos aquello de ir a buscar almas para Dios y aunque nuestras intenciones de encontrarlas, eran sublimes, la codicia de las riquezas de ese mundo nuevo y sin explotart, nos cegó y viendo que para extraerlas, los nativos eran pocos, vimos lo que hacían nuestros vecinos, cargando braceros en Africa y les superamos. Arrancamos hombres y mujeres de sus hogares; destruímos familias, arrasamos poblados, esclavizando y trasladando a sus gentes, bajo el látigo, el trabuco o el arcabuz de un continente a otro. Nosotros despoblamos, quemamos y arrasamos todo lo que se nos ponía en contra. Nosotros no veíamos más allá de esos momentos de borrachera sangrienta o de embriaguez religiosa tras una comunión exultante. De aquellos desatinos, de aquella cruenta despoblación de Africa y la posterior explotación, de esos países a quienes entre todos habíamos arrebatado los que podrían defenderlos, surgen ahora los problemas que da la falta de medios, el no saber explotar sus propios recursos, y tantos otros problemas. El problema de Africa, no es de ahora; viene de siglos atrás y los españoles tenemos parte de culpa de ello. La foto, un anónimo que divisa la frontera, antes de aventurarse a cruzarla y ser prendido, por los sucesores de los que capturaron a sus antepasados.

jueves, 6 de mayo de 2010

EL EXTRAÑO Y ENIGMATICO CASO DEL FASCINANTE BENITO, parte primera


Parte Primera: Amaneció gris el día, en aquella aldea. Los pocos habitantes que en ella vivían empezaban a desperezarse, cuando Benito, cayado en una mano y capazo en la otra, regresaba a casa.
La noche había pasado pronto, para este hombre taciturno y rodeado de misterio, quien antes de que el rocío se evaporara, ya tenía algunas raíces extraídas y sacudidas. Momentos después, sacaba de su zurrón un trozo de pan y otro de queso; se sentaba sobre una piedra plana y se lo comía lentamente. Mientras ensalibaba aquel áspero pan con el duro queso, levantaba sus ojos a la estrella que le orientaba de la hora en la que el rocío se iba a evaporar. La estrella perdía su fulgor y desaparecería hasta el día siguiente.
Cuando se ocultó, como si le hubiera correspondido a su mirada, sin acabar su frugal bocadillo, guardó los restos y caminó un largo rato, camino de casa.En la aldea, nadie conocía el origen de Benito; nadie sabía nada de su familia; siempre le vieron viviendo él solo. Era una persona activa; dormía poco y comía parcamente.
La chimenea de su cocina arrojaba un humo blanco, contínuamente. Era algo irreal, pues hiciera sol y calor, lloviera o nevara, aquel humo siempre subía y subía, y desaparecía en las alturas, formando una nube blanca, retorcida, como si el humo se abrazara, y así ascendía hasta que se perdía a la vista.

Esta circunstancia, hacía que todos pensaran en el origen desconocido de Benito. Los mayores del lugar, decían que este hombre bonachón, generoso, desprendido, dispuesto a ayudar a todos, no envejecía. Le conocían desde hacía muchos años y siempre aparentaba la misma imagen. Siempre ocupado, nunca estaba cansado. Sus rasgos parecían normales, como los de la tierra, pero los párpados de sus ojos, tenían una pequeña doblez, que se le acentuaba cuando se reía, y se reía mucho. Cuando alguien le preguntaba cómo se conservaba tan alegre y tan joven, siempre les respondía lo mismo, —ríe, ríe, ríe, no te canses de reir.

Braulio, abandonó su cama, se desperezó frotándose los brazos, pasó su mano por la cara y se estiró dando un gran bostezo. Unas corripias de su vientre sonaron desacordes. Su mujer aún permanecía en la cama en un duerme vela agradable y voluptuoso. Se dirigió a la ventana, corrió los postigos y al abrir, vio a Benito, que bajaba la cuesta de san Miguel, con su cayado y el capazo bastante abultado.
—Hay que ver al Benito—, dijo volviéndose a su mujer, que aún yacía hundida al calor del jergón de maíz—, es increíble cómo a sus años, sigue día tras día, madrugando para ir a buscar el romero, la salvia, la albahaca, la ajedrea y otras más hierbas, que a tantos nos curan y alivian.
—Y que lo hace gratis—,respondío la mujer.
—¿Cómo sabrá para lo que vale cada hierba? Nadie ha contado que le han ido mal.
—¿Dónde lo habrá aprendido? En su casa, no se le ven libros, ni papeles.
—Los tendrá en otro cuarto—, respondió la mujer.

Lamiendo el prado, fluía un arroyuelo con agua pura, abundante y fresca. Benito se agachó a la orilla y echó la talega a tierra; sacó una navaja y empezó a cortar unas hierbas mojadas, de un color verde intenso. Casi, casi, llenó la talega de berros. Antes de guardarlos los lavaba bien y los sacudía fuertemente, para quitarles las larvas que tenían. Parte de esos berros, se los comería él cuando llegara a casa. Los restantes se los daría a los debiluchos, que según él, tenían problemas en la sangre. Esto no lo entendían los aldeanos no entendían, ni sabían cómo lo adivinaba. A algunos les decía que no comieran dulces, ni azúcar.
Se había ganado el cariño de todos. Quien le necesitara, siempre le encontraba a cualquier hora.

La Sagra, tenía las manos llenas de verrugas, desde los ocho años en que la brotaron. La mujer era guapa y con propiedades. Siempre tenía las manos cubiertas y llevaba un pañuelo al cuello, que le hacía muy bonito, pero que era para taparle más verrugas. Tuvo varios pretendientes con propuestas de matrimonio y nunca se decidió porque le daba vergüenza descubrir sus manos, el cuello y la espalda, que también tenía llena de esos repugnantes granos.
Amargada por su situación estaba, cuando un día escuchó que había un brujo que hacía todo tipo de curaciones. No se lo pensó; preparó el caballo y a casa de Benito se acercó.
Este, al verla llegar y desmontar, la notó tan inquieta y preocupada, que trató de tranquilizarla y le dijo: —No te preocupes, Sagra, es poco eso que te inquieta.
—Ande—, dijo ella ¿y quién le ha dicho a usted mi nombre? respondió, mientras descabalgaba.
—Mira, con esto, que tengo en la mano, te vas a curar —, le dijo enseñándola un cordel.
Sagra se fue acercando y aún no se había descubierto las manos, cuando Benito ya le daba la solución. Estaba desconcertada. Benito, siempre sonriendo, la invitó a pasar a casa y Sagra se destapó las manos y se quitó el pañuelo.
—También tengo la espalda llena.
—No te preocupes, vas a tener una limpieza de todas las que tienes en tu cuerpo; hay alguna más de las que tú dices. El rostro de Sagra, se enrojeció, pues a nadie le había dicho nada, ni nadie se las había visto nunca.
—Mira llévate este trozo de cordel, que ya ves que mide un poco más de una cuarta; le haces tres nudos, principio, mitad y final y, le entierras en el estiércol. Cuando el cordel se haya podrido, las verrugas se te caerán. ¡Todas!
—¿Todas?
—Sí, se caerán ellas solas. Tú, mientras, no hagas caso de ellas.
—Bueno, pero ya sabe que como me avergüenzan, tengo que llevarlas tapadas.
—Luego, ya verás, volverán a requebrarte.
La mujer se despidió toda emocionada y, en aqradecimiento, le dejó un celemín de garbanzos.

—Cómo será que la muy obligada, de la Sagra, ha venido otra vez a ver a Benito. Tenía las manos limpias y no traía pañuelo al cuello, —dijo Braulio, mientras se enfundaba el pantalón.
—¿Y las de la espalda? —le preguntó su mujer.—
—No lo sé, pero de lo que se la veía, no le quedaba ni una.
—Vaya tontería, dijo la mujer.
—Deja, deja, que cualquier día voy yo a verle.
—¿Tú?
—Sí, por lo que tú sabes; lo que pasa, que cada uno es como es y, lo que se dice a mí, enseñarla no me importaría, si no fuera porque la tengo donde, la tengo.
—Braulio, no te la quites, digo yo, que a mí me gusta, pues ya sabes qué goce me da.
—Ya, pero hace muy feo tenerla ahí. Nadie la ve, pero, ...
Braulio dudaba entre la cortedad, que le daba enseñar sus partes y, por otra, pues sí, le daba placer a su mujer, ¡ya lo creo!
Lleno de dudas, nervioso y bastante inquieto, se acercó a la casa de Benito, sin decir nada a su mujer. Esperó tímido y vergonzoso, sentado en el poyo de piedra, a que Benito abriera la puerta, cuando le vio que llegaba frente a él.
—Buenos días, Braulio. Te estoy esperando desde hace mucho tiempo y de verdad, que me tenías bastante preocupado; menos mal que por fin te has decidido y has venido.
—Benito, nunca le he dicho nada, ¿cómo es que lo sabe? ¿Acaso ha venido mi mujer?
—No, no, tu mujer no ha venido por aquí, pero ya que la mencionas, la vas llevar este líquido. Todas las tardes, le frotas la parte baja de los riñones, de esta manera.
—La verdad que sí, que se queja muchas veces y se lleva las manos ahí y le cuesta ponerse recta.
—Bueno, mira Braulio, lo tuyo es más sencillo que lo de tu mujer. Coge este cuerda y la haces tres nudos, separados; luego la entierras en el montón de estiércol. Te olvidas de ella y de tu verruga; sigues haciendo tu vida, como si nada; no te rasques, ni te la toques, pues puede que te la traslades a otra parte del cuerpo; cosa que ya has hecho; te están saliendo algunas más y no las has visto, porque son muy chiquitinas; de momento, sólo sientes un ligero picor.
—Benito,Benito, me deja usted desconcertado. No le he dicho nada y usted lo sabe. ¿Sólo tengo que hacer eso con la cuerda? Mire, es que no le he dicho que mi mujer no quiere que se me caiga, porque, ... y bajó la voz para contárselo.
—Bueno, bueno, ya te daré otro remedio más natural, para que la sigas contentando. Por ahora, todo seguirá igual.
Salió contento, pero estaba muy confundido. ¿Cómo sabrá el Benito estas cosas tan secretas? El pensamiento no se le iba de la cabeza. O sea que... ¡nos ve por dentro!

Pasó el tiempo y Braulio se olvidó del remedio y de dónde le había escondido. Cuando orinaba, lo hacía sin mirarse y como Benito le había dicho que no se tocara la verruga, pues sólo sacaba la punta y basta.
La mujer, no sabía que había visitado a Benito, y seguía contenta. Como la verruga aumentaba poco a poco, el roce que la hacía era cada vez mayor y la excitación también. Además, su marido ¡le había hecho caso!, cosa rara.

Llegó el otoño, se adelantaron los fríos y la cama era el mejor remedio para combatirlos. Pasados los primeros tiritones, ya los cuerpos se sentían cálidos y, los arrumacos habían encendido el ardor, cuando las manos buscaban sus rincones, un grito en la oscuridad—Braulio, ¡que te falta algo!, pero bueno, qué ha pasado, ¿has ido a verle?
—Sí, Chon, fui y me dio el remedio, que yo creía que no funcionaría; han pasado unos meses y no había sentido nada. Pero ya ves que ha funcionado, pue se me ha caído y no sé cuándo. Me dio una cosa para tí, para que te frote en los riñones y no te le he dado, para no descubrirme y que supieras que había ido a verle. Tienes que entender, que tenía que ir, pues ya me abultaba más que estos, y se los señalaba.
Esa noche, fue larga, muy larga. Al desencanto, le siguió un enfriamiento emocional y el aire de la habitación penetró en el jergón, congelando el deseo.

Apenas vio la luz por las rendijas de la ventana, se levantó. La cocina estaba tibia, calentó unas sopas en unas ascuas aún vivas, se calzó las madreñas, se encasquetó la boina, agarró el cayado y caminó a casa de Benito. Machacó la puerta con varios golpes secos, pero nadie respondió.
—Rediez, se dijo, —¡Benito!, gritó.
Largo rato estuvo sentado, esperando en el poyo. La espera se le hizo corta, pues a pesar del disgusto de su mujer, él estaba contento. Cuando vio llegar a Benito, se levantó y le saludó con gran afecto.
—Ahora, —le dijo Benito, bueno, bueno, pasa que te voy a dar algo, como te dije la otra vez.
Entró a la cámara y sacó unas florecillas.
—Una de estas, tienes que comértela todos los días. Se llama "hierba del chivo rijoso". Cuando vayas a yacer con tu mujer o, ..., notarás algo muy especial. Te dará una fuerza muy grande. Ahora, te ha quedado un poco de señal, pero no te preocupes, pues desaparecerá. Procura que tu mujer no vea estas flores. Son muy buenas para el sexo. Sólo las come el chivo y, ya sabes por qué está todo el día montando. Yo las cojo arriba, por esos riscos donde sólo andan las cabras. En algunos lugares del norte, las llaman"orejas de oso". A tu mujer, la vas a dar más goce, pues va sentir tu vara muy dura. La verruga dentro de poco, te habría dado una grave enfermedad, ya que era muy perniciosa, tenía mucha vida y sabes que crecía.
Continúa parte dos

jueves, 29 de abril de 2010

*** ALGO TRISTE***

Fotografia, cortesía de gallery player.

Voy arrastrando mi cuerpo, desde que me levanto; hasta me pesa el alma, tanto, que aliento no tengo.
¡Qué desgracia! ¡Un día más, despertar! ¡Qué angustia volver a caminar, arrastrando mis pies, pues con el cuerpo no puedo!

¡Cuánto me cuesta el sueño abandonar! ¡Qué amargo día me aguarda! ¡Qué desdicha abrir los ojos! ¡Qué infortunio, así sobrevivir! ¡Qué no haría yo, para verla sonreir!

No me agrada ver el día; en mi alma todo es noche; vivo con una esperanza negra,
que el corazón me atormenta.

Cuantas veces me he preguntado el porqué, otras tantas no he acertado con el motivo, de aquel infausto día, que esperándola estaba, mientras llovía.
¿La dio miedo el diluvio de amor que en mí intuía? ¿Porqué no se dejó sumergir en el mar de ardor, en el que mi piel, abrasante, la deseaba hundir?

Nunca llegó a la cita prometida; jamás explicación alguna; la indiferencia, su alma invadió y, a la mía la desgracia temida.

Luego, viví arrastrando mi cuerpo, con el alma pegada al suelo, sin atreverme a levantar la mirada, sin jamás a ella contemplarla.
Mi único goce, era abrazar su sombra; mi mero consuelo, pisar sobre sus huellas, seguir sus pasos desde lejos, divisando el vuelo de su falda.

Me pasé la noche despierto, pensando un sin fin de locuras; delirios que me acarrean una impotencia, que me hace detestar mi existencia.

Ayer, suspiré por última vez. Esta mañana, cuando apenas desperté, ya no tenía fuerzas para seguir, así que me colgué.
Mi cuerpo ya se ha enfriado y, mi alma, confusa, aquí, aún se ha quedado. Quiero ver desde esta altura, cómo llegan, cómo sienten y quienes de mí, en su hartura, me dan la espalda y contrariados parten.

Mi cuerpo yace, mi alma flota. Subido estoy, en el techo de mi habitación. Lo veo todo, les veo a todos, pero a quien por ella he partido, por mucho que lo anhele, aún no ha venido.
Ya no quiero que venga; ya no quiero verla, no vaya a estorbar mi camino, a la vida eterna.
Mírala por do viene, compungida y llorosa. A mi cuerpo mira y su vista eleva. Ella sabe que ahí ya no vivo, que sobre ella estoy, no como a mí, antes, me hubiera gustado, sino como lo que, ahora, soy.
Algo tarde llegas, amada; mujer de lágrima fácil; no gimas, no suspires; baja de lo alto tu mirada, busca en otro lo que en mí no encontraste y trata de sentir con él, lo que en mí despreciaste.

Es mi hora, parto ya. Me llaman, oigo pero no veo. Una absoluta oscuridad me rodea. No reconozco la voz que me llama. ¡Espera, espera! digo. La soledad de mi alma, abajo, también aquí la encuentro. No sé dónde estoy, no sé dónde voy. Tengo una gran inquietud. Abro mucho los ojos, pero sigo sin ver. Quiero detenerme para no tropezar. Extiendo mis brazos y sólo siento frío. Me arrepiento de lo que he hecho. Atravieso un mar infinito y al fin diviso una tenue luz que se va agrandando cada vez más. Resplandece más que mil soles y, me invade una gran felicidad y una paz, como abajo jamás disfruté. ¿Es esto el cielo? No lo sé, pero aquí me quedo.

martes, 27 de abril de 2010

***HOMENAJE A MI AMOR DESCONOCIDO***


Existe una leyenda en los países nórdicos, según la cual, hay que encender, al anochecer, una lámpara en una ventana del hogar, que dé al norte, para que los espíritus que aún deambulan perdidos en este mundo, se orienten por esa luz y lleguen, siguiéndola, al Norte, donde está el cielo.

En mi ventana, al norte, siempre habrá una luz encendida y junto a ella,yo estaré
esperando que pases por allí y vuelvas a sonreir. Así sabré que eres tú y esta vez, partiremos juntos.

Muchos años hace ya, que sobre mí sentí la mirada más dulce, sí, que soñar pudiera.
Caía la tarde, cuando en aquella sala de aquel nórdico aeropuerto, mi alma, anónima allí, no se sintió sola. Mi cuerpo, sintió emocionado cómo unos bellos y armoniosos ojos, con su manto azul le envolvieron; cómo en él se posaron, sintiéndose penetrado. Aquella dulce mirada, mi alma invadió y un nido construyó en mi interior. En aquel momento, sentí que su alma, en la mía reposó; sentí que nuestras mentes se unían y nuestros cuerpos se traspasaban.

Con una sonrisa entregada, di unos pasos hacia ella, a preguntarle; quizás no hubiera sido necesario ni hablar; quizás nuestros cuerpos se hubieran fusionado, como ya lo estaban nuestras almas, sin más.

La voz fría de la megafonía, anunciando mi destino, me desconcertó y el titubeo me invadió. Ella se dio cuenta y, la nube de la decepción, la paralizó.

Dejé de lado, para siempre, el amor que en mí reverberó y que soslayé. Desde entonces, voy errante por la vida, tratando de buscar, a quien nunca podré encontrar, a quien nunca, su nombre podré pronunciar.

Nunca nos conocimos; sólo de paso nos vimos y, así mirándonos, nos despedimos.
Te sentí como mi alma gemela y te perdí; pude haberte hablado y partí. Renuncié a la ocasión de abrazar de tu cálido cuerpo y unirle al mío encendido, en aquel momento de soñación, en el que tu alma en la mía anidaba.

Desde entonces vivo, en corazones, alquilado: convivo, frágilmente, con almas que la mía desconcierta; enfrío el cuerpo candente, que me quiere estrechar.

Sólo tu recuerdo, ante el imposible encuentro, podría saciarme la sed, en este desierto que desde entonces atravieso y darme el calor que necesitaría para cruzar la estepa, en tu busca.

Día tras día, mi lámpara junto a la ventana del norte, ilumina un camino. Si algún día le tomas, sonríe al pasar por ella, como aquella tarde. Te reconoceré y, de ella saltaré, para contigo volar hasta los confines infinitos.

Con la esperanza rota y perdida, si por aquí no pasaras y al cielo llegaras, sonríe, que yo cuando a él suba, ante Dios te reconoceré, aunque ya no me amaras.

jueves, 11 de marzo de 2010

*** " LO QUE NUNCA PROBË " ***

Imagen cortesía de Sample Pictures
Vamos, venga, date prisa. Hoy vas a probar algo que no olvidarás nunca. Partimos sin preparativo alguno, pues no se necesitaba. Yo iba confiado, ya que a todos les veía alegres, dicharacheros, felices. El día prometía, pues hacía una temperatura excelente. Nadie dijo dónde íbamos, ni yo lo pregunté. ¿Te acuerdas de las vistas? Entonces evoqué aquel restaurante, en el que mientras saboreábamos de un aperitivo, gozábamos la impresionante vista de diez pueblos de la sierra de Gredos.
Es pronto aún, dije. Sí, pero vamos a ver algunos alrededores. Mi mente, se había trasladado a aquel restaurante, allá, arriba del valle; aquel restaurante que cierto día impactó nuestro olfato, cuando pasó el camarero y dejó una estela de olores caramelizados, de carne asada en la lenta brasa, con vino blanco, cebolla, ajo, apio, orégano, laurel, pimienta, que los presentes empezamos a adivinar y a diferenciar.
La boca se nos humedecía, mientras el olor se acentuaba en la nariz, pues los platos servidos estaban cerca.
Camarero, pregunté: ¿puede ...? Iba a pedir, ... No señor, es por encargo.
La vereda que "el todo camino" estaba rodando, me confirmó mi esperanza. ¿Habéis reservado el "cabrito asado con cebollitas caramelizadas y chips de yuca?" Pues claro. Entonces, me confié al asiento y ya no hablé. ¡Bien! Mas, recorridos unos minutos, ¿a dónde vamos? Mira, ¿ves allí? ¿donde el helicóptero? Sí. Bueno, pero yo no subo en él. Escucha, no hay peligro alguno. No, no, subir vosotros y yo os espero aquí buscando trufas. Por favor, escucha, va a ser un viajecito breve, corto, de minutos sólo. Vamos a ver estos pueblos del Tiétar, que se divisan desde la terraza del restaurante.
Llegamos a la plataforma del helicóptero y al descender del auto, no podía moverme. Mis pies se habían clavado al suelo y el pánico me invadió ¡Yo no subo! ¿No sabéis que tengo mucho vértigo? La sensación de un gran mareo me envolvió; mi piel, lívida, les alertó un poco, pues todos conocían que no superaba alturas de más de cinco metros. Me airearon con cartones y me dieron a respirar no se qué y me reanimé ligeramente. Empujado cariñosamente, dí unos pasos. A dos metros del aparato, no ví más.
Posteriormente me dirían que el síncope les alarmó y, ... desperté en una fría habitación de hospital, verdosa, enganchado a unos tubos colgantes.
Unas lágrimas, resbalaban por mi cara y alguien me dijo con dulzura: ¡por fin! Yo, amodorrado, pregunté: ¿comimos el cabrito?

Juan Yuste

ENSAYO DUPLICADO


Se trata de adivinar qué es o quién es, sin ver el final
Había llovido levemente. El agua acarició la arena y, se posó con suavidad en la playa. Mucha gente recorría el paseo disfrutando, con goce, de aquellos momentos, en los que se serenaban las olas y se respiraba un aire apacible, grato, que sacaba del mar, aquel olor inimitable, embriagador, aquel olor a mar azul y a mar verde, aquel olor que te hacía abrir los brazos para que te penetrara más y más en los pulmones, aquel olor que recorría el cuerpo, hechizando los sentidos. Olor dulce a humedad salina, olor a pescado aún vivo, a ostras recién sacadas de ese agua. Embriagado así, paré un momento mi lento caminar y descendí a la playa.
Las olas suaves, se acercaban; se posaban tranquilas en la arena y se alejaban casi con pesar. Momentos antes de llegar la ola, el mar saciaba mi aliento. ¡Qué olor! Me senté vestido y saludé: ¡Hola mar! Alguien volvió su cara y sonrió. Me recliné, apoyándome en un brazo. Extendí la otra mano y jugueteé con los dedos. Presioné con levedad y sentí calor; acerqué mi nariz y olí ese calor, que sentí cálido, humedecido momentos antes. Mis dedos recorrieron una tenue piel saturada de miles y miles de granitos. me acerqué para captar su olor y ni olían ni sentían. Recorrí unos momentos aquella piel muelle, aparté mis dedos y, mirando con nostalgia, abandoné el lugar.
Unos ojos acompañaron mi retirada y la soledad que sentía.
¿Habéis adivinado que se trata de la arena?

Juan Yuste

jueves, 4 de marzo de 2010

***** EL OLFATO *****

La cena, en aquel rincón, precariamente iluminado por un candil de carburo, era tan frugal, como repelente por su olor.
Cebolla frita y fría, con pan duro, frotado en ajo; o garbanzos con tocino rancio, regados con vinagre, acompañado todo, de guindilla ya chupada por otros anteriores, o diente de ajo, sin chupar, a elegir.
Cuatro mal cenaban, en aquella nauseabunda pocilga, en la que se respiraba un vomitorio olor, amargamente avinagrado y, en la que era habitual una serenata de eruptos que expelían un aliento fétido y pestífero. Habitual también eran unos roncos carraspeos, algunos acompañados de hirientes lapos, que al ser expelidos, más de uno creía tragarse.
Ojo con decir nada, pues la respuesta parecía estar esperando; de entre las dos piedras feroces, de aquella bestia humana, salía con facilidad una ventosidad anal, tan sonora, de una violencia tan repugnante, que el suelo abetunado, se vería encharcado y lleno de tropiezos mal digeridos, en breves instantes.
Ya no protestaban los unos de los otros. Se reunían allí, porque se protegían entre sí, de su nauseabundo olor que nadie podía soportar. Esa cuadra, mal llamada chigre, emitía un tufo, que era desapercibido por la existencia de una charriquería próxima.
La pestilencia subía las escaleras, hasta los camastros. La ventilación sólo se ponía en marcha cada vez que la puerta de la tasca se abría.
El "turco," así le llamaban, sin saber de dónde era, subió los peldaños a tientas y se tendió en el jergón, tal como salió de la mina. Mientras dormía, su boca abierta y semiseca, expelía un aroma agrio, que enardecía a su vecino de camastro, por el hedor insoportable. No aguantaba más tal pestilencia y pensó cambiarse a una piltra vacía. Se levantó y, en ese instante el turco se removió y un estruendoso repiqueteo, anunció la llegada de fétidos y hediondos aromas, que invadieron su nariz y revolvieron su estómago y, sin esfuerzo le vació en su apestoso y repugnante vecino, quien se regustó tragándoselo, pastando su boca, como si agradeciera que la sequedad de su garganta se hubiera aliviado.

Juan Yuste

lunes, 1 de marzo de 2010

***** DONCELLA DIANA *****

*** DONCELLA DIANA ***
Diana, una doncella niña, era tímida y miedosa y vergonzosa.
Los niños nos reíamos de ella, no por su apocamiento, sino por su tartamudez. Crueles,siempre, al descubrir un defecto, con Diana éramos inhumanos, brutales, insufribles. La martirizábamos al llamarla Di...di...di... ana. Diana, nerviosa, irritable, excitable, tsrdaba más de dos minutos en decirnos que no se llamaba Ana.
La angustia, y la ansiedad, y la tristeza, se apederaban de ella y rompía a llorar y, hasta llorando nos daba la impresión de que lo hacía tartamudeando.
Un día de tantos, en que era martirizada, yo iba en mi bicicleta y al verla tan sola, tan abandonada, tan desamparada, tan herida, paré junto a ella. De sus ojos, resbalaban lágrimas a borbotones y, sus rodillas, enrojecidas de impotencia, temblaban temblorosas.
Diana, le dije sin preguntar nada, ¿quieres dar una vuelta en mi bici? Asintió nerviosamente con su cabeza y, sus ojos parpadearon tan rápidos, que apresuradas lágrimas saltaron a tierra. Montó y subió la cuesta como impulsada por la acelerada palpitación de su corazón. No pedaleó la descendente bajada.
Sus lágrimas, aún húmedas, reverberaban al reflejar los rayos del sol y sus mejillas parecían un campo de rocío.
Al oído, me dijo "gracias" sin titubear, a la vez que sonriente, sus brazos me rodeaban tan fuerte, tan firmes, tan enérgicos, tan impetuosos, tan estrechos me apretaban, que una corriente sacudió mi cuerpo y me sentí mayor.

Juan Yuste

miércoles, 10 de febrero de 2010

EL SECRETO DE LO FÁCIL

Decía Goethe en una carta a la condesa Auguste Ze Stolberg: "todo dan los dioses, los infinitos, todo íntegramente, a sus favoritos. Las alegrías todas, infinitas; los sufrimientos todos, infinitos."
Amigos, si los dioses nos dan todo, ¿cómo es que carecemos de tanto? Algunos agoreros de la desdicha, dicen que esta vida es un "valle de lágrimas" y después, para su consuelo, te pasan el "cestillo" y tú, alma cándida, contribuyas a su molicie. Con un "Dios te lo pague" acrecientas su vida regalada y al tiempo, tu escasez. Con esta visión de la vida, cuántas veces no hemos dicho como A. Machado en "Tres cantares enviados a Unamuno": Señor, me cansa la vida y el universo me ahoga. Señor, me dejaste solo, solo, y ... a solas.
Ama, sonríe y ayúdate. Dí con P. Neruda:"todos los frutos de la tierra, crecerán en mis manos."

martes, 9 de febrero de 2010

elsecretodelofacil


Bienvenidos a mi blog: En este mundo en el que vivimos y que creemos conocer, todos o, casi todos, tenemos una inquietud por vivir, por la supervivencia día tras día. Todos deseamos una vida más fácil y, para conseguirlo, tratamos de encontrar la solución a los problemas que nos invaden y los que nos rodean.
Este blog, va a tratar de eso; entre todos tenemos que buscar la solución a cada problema que nos llegue. Nunca hay que rendirse ante la dificultad. Unamos nuestros esfuerzos, nuestras ideas, nuestras sugerencias, para conseguir una vida más fácil, más plena. Tratemos de ser útiles, de dejar poso.